
¡Qué lástima me dan los farmacéuticos! Los pobres se las prometían muy felices haciendo su campaña navideña con las vacunas y ahora resulta que el pueblo, desagradecido, le ha perdido el respeto a la enfermedad y se niega a vacunarse. Adiós al negocio.
Pero no hay que rendirse. Lo mejor es contraatacar con una campaña publicitaria que reavive el miedo, como ésta.
Pero no hay que rendirse. Lo mejor es contraatacar con una campaña publicitaria que reavive el miedo, como ésta.




